DE ORIENTACIÓN Y SERVICIO

 

un grupo del cuarto milenio
para el tercer milenio

ENIGMAS DEVELADOS

5ª parte

 

El quid del ejemplo de los roles

Estimado profesor: Le agradezco su envío de Enigmas develados, y si bien muchas respuestas me parecen lógicas, hay otras que me resulta muy difícil aceptar. Una de ellas, por ejemplo, es la que se refiere a su comparación de nuestras relaciones familiares con los roles o personajes de una obra de teatro o de un film. ¿No es exagerar demasiado las comparaciones?

Jim P.

 

Respuesta

Apreciado Jim: Las comparaciones que yo hago son siempre aproximadas, porque es muy difícil encontrar ejemplos que se ajusten perfectamente cuando se trata de vincular cuestiones físicas con cuestiones de índole espiritual. No obstante, ayudan enormemente a comprender muchas cosas. Pero tus especulaciones son válidas porque en la comparación faltaba mencionar un ingrediente muy importante, aunque en rigor lo daba por sobreentendido.

El sufrimiento de un hijo que pierde un padre, por más que en definitiva ambos sean roles, es real. En una obra de teatro o de un film, en cambio, el actor que interpreta el rol de un hijo que pierde un padre no sufre sino que finge sufrir. Si a James Bond, el personaje de ficción creado por Ian Fleming, lo torturan en una película, eso no significa que el actor que lo interpreta ─Sean Connery, por ejemplo─, también tenga que sufrir la tortura. Se podría decir ligeramente que la diferencia está en que el actor que interpreta el rol de un hijo que pierde a un padre sabe que es un rol, y el hijo que en la vida real pierde a un padre no sabe que es un rol.

Pero la verdad es que aun sabiendo la verdad, sufrirá lo mismo. El conocimiento de que somos espíritus interpretando un rol en el plano físico quizás pueda aliviar en algo el sufrimiento, pero no el sufrimiento en sí. Y obviamente ese conocimiento no lo podrá evitar en absoluto si no se trata de un dolor emocional sino físico. Creo que con estas explicaciones ha quedado aclarada tu pregunta. Bienvenido al club. Un fuerte abrazo.

 

 

          6ª parte